Motivos de consulta
Ansiedad
Sentís un nudo en la garganta. Tratás de respirar, pero no te da el aire. Se te acelera el corazón, te sudan las manos y te dan ganas de salir corriendo, aunque no sepás ni a dónde ni por qué.
Si esto te pasa, querés dos cosas: que no vuelva a pasar y, si pasa, que se termine rápido.
Depresión
Sentís que levantarte cada día es solo cumplir. Por dentro te notás apagado, nada te motiva, no sentís deseos de hacer algo. Hasta lo más sencillo o simple de hacer, notás que te cuesta. Te has aislado, te hablás mal. Incluso te da culpa sentirte así.
No todo lo que se ve normal por fuera está bien por dentro.
Ataques de pánico
Notás dolor y presión en el pecho. El corazón se acelera. Temblás. Tratás de respirar y no te alcanza el aire. Mareo, náusea, hormigueo y de repente aparece la idea: “me va a pasar algo.”
Sí te han dicho "calmate y respira", no entienden por lo que estás pasando.
Imagen & Autoestima
Te mirás y nunca es suficiente. Te comparás, te juzgás, te hablás mal a vos mismo. A veces es el cuerpo; a veces es tu cara, tu voz, tu forma de ser. Y aunque alguien te diga “estás bien”, por dentro no te lo creés.
No es que seas “inseguro”: es que te acostumbraste a tratarte como si fueras el problema.
Trauma
Hay cosas que ya pasaron, pero tu cuerpo se quedó viviendo como si todavía estuvieran pasando. Te sobresaltás fácil, te cuesta dormir, evitás lugares o recuerdos, y por momentos sentís que te desconectás. No siempre has podido contarlo: a veces porque no hubo con quién, y otras porque no encontrabas palabras.
No se trata de olvidar. Se trata de que podás volver a disfrutar las cosas simples de la vida.
Estrés
Estás cansado, pero no es un cansancio que se quite durmiendo. Es como si las conversaciones, las tareas y la gente te pesaran más. Últimamente estás más cortante, más indiferente, como si fueras en automático. Y eso te molesta, porque no es que no te importen las cosas: es que ya estás agotado.
No es que hayas perdido la motivación: es estrés acumulado.
Infidelidad y confianza
¿Te has notado con más desconfianza, más pendiente de todo? Revisás mensajes, tonos, silencios… si está en línea o te dejó en visto, el tiempo que tarda en responder. No siempre son celos: es tu cabeza armando escenarios y haciéndote leer señales que antes ni mirabas.
No es que querás controlar: es que ya no sentís seguridad.
Miedo al abandono
Te cuesta sentir seguridad con alguien. Con un cambio mínimo, tu mente empieza a darle vueltas: ¿qué quiso decir?, ¿por qué se tardó?, ¿qué pasa? Leés entre líneas, buscás señales, querés confirmar. Buscás pruebas de que todo está bien. Y aun así, la intranquilidad sigue.
No es intensidad: es falta de seguridad.
